sábado, 15 de septiembre de 2007

Recomendaciones para Padres en la educacion de sus hijos

Engendrar vida y hacer una vida feliz

//Errores de los Padres//

Permisividad
“La Permisividad es la tolerancia excesiva, los niños necesitan referencias y limites para crecer seguros”
· La indecisión o la comodidad de los padres acaba en permisividad. Las reglas no son cuestionables por las modas del momento.
· La permisividad es la comodidad del momento, pero trae consigo muchas incomodidades posteriores. Hay padres que mantienen una ignorancia culpable de lo que hacen sus hijos adolescentes fuera de casa.
· El adolescente que anda en malos pasos rehuye la vida de la familia, y sólo se siente a gusto con sus cómplices. Es triste comprobar que hay padres que se preocupan más del precio de las acciones, que de las acciones morales de su hijo.
· Cada vez que se es indiferente con los hijos, en el lenguaje subliminal (lo que no se dice pero se siente), él está pensando que no nos importa; si saca 0 ó 10 para los padres es lo mismo, si llega tarde o no llega, si entra o si sale, a los padres les da igual, “no me importas”.
· Y en cuanto a la permisividad, se supone que es lo más cómodo en el proceso educativo “para qué discuto con mis hijos porque sí o porque no... mejor les doy permiso...”.
· Estos son los padres que no saben amar, que simplemente tienen hijos en sentido biológico y sin ningún plan ni dirección.

Ceder después de decir No.
· El no es inegociable, antes de decirlo piense bien porque no hay marcha atrás. El sí, si es negociable

El autoritarismo
“El autoritarismo no es un limite justo, aquí me interesa anular su personalidad”
· No crece la persona, no se hace creativo, se hace sumiso sin decisiones
· Los padres autoritarios buscan en el fondo dominar, imponerse. Les gusta sentir el placer de que ellos pueden más que sus hijos. Los mueven en su conducta, el poder y el prestigio, aunque éste corresponda o no a lo que en realidad es. Bajo una apariencia de firmeza, de rigidez y una fortaleza virtuosa, pretenden esconder una falta de razonamiento y argumentación, que muy pronto los hace ver ante sus hijos, como personas necias y déspotas
· Son perfeccionistas, no toleran fallas ni errores en los demás, a veces, porque ellos mismos han logrado una notable superación personal y en otras ocasiones, porque quieren ahorrarles a los hijos sufrimientos por los que ellos han pasado, pero en cualquier caso, ese perfeccionismo los hace aparecer como lejanos o inalcanzables.


OJO: Cuando un padre o una madre ejerce con frecuencia una autoridad impositiva, logra un control temporal sobre sus hijos, pero el resultado final siempre será uno de estos tres:
1. Hijos sumisos, sin personalidad, copia “al carbón”, pero sin mérito propio ni auténtica libertad moral.
2. Hijos rebeldes, que rechazan violentamente los valores y estilo de vida paterno.
3. Seres falsos que aparentemente se someten, pero hacen todo lo contrario a lo que la familia les impone, cuidando sólo no ser descubiertos.

La sobreprotección
· Esto le transmite desconfianza y le impide aprender a resolver problemas, así como a tolerar el fracaso.
· Hay que permitirle que corra ciertos riesgos para que aprenda a resolverlos, para que tenga mejor autoestima, le ayuda aprender la tolerancia al fracaso
· Fomenta el desvalimiento, la dependencia y la incapacidad del hijo, sobreprotegiéndolo y mimándolo en exceso. Se considera al hijo un “apéndice” del padre, y no una persona individual con sus propios retos, su propia vocación y su personal misión en esta vida.
· La sobreprotección enseña muy pronto al hijo, como “salirse con la suya”, administrándole unas cuantas lágrimas al padre o amenazándolo con retirarle su cariño. Parece mentira, pero muchos padres son blandos, sobreprotegen o ceden ante el riesgo de que el hijo les niegue su afecto.


¿Cuándo Sobreprotegemos? Cunado…
- damos al hijo más ayuda de la que requiere
- les resolvemos problemas que él sólo podría resolver
- pensamos por él o decidimos en su lugar
- ridiculizamos sus ideas negándole su capacidad de reflexionar
- hacemos su tarea o sus obligaciones, con tal de no discutir o de no recibir de sus manos una mala calificación escolar
- no lo dejamos correr riesgos razonables e incluso cometer equivocaciones para experimentar en cabeza propia.



"Si el hijo es pequeño, sus errores serán pequeños y tal vez aprenderá a
evitarlos cuando esté más grande”

Falta de coherencia

· Nuestro estado de ánimo va sobre la misma línea: “si hoy esta mal rayar la pared, mañana y siempre estará mal”
Es muy importante la misma coherencia entre los padres.
· La incongruencia ‑cuando exigimos a los demás lo que nosotros mismos no hacemos­-
· La inconsistencia, cuando los demás no saben a qué atenerse, porque nuestra exigencia o tolerancia depende de nuestro estado de ánimo.
· Esforzarnos por predicar con el ejemplo antes y más que con las palabras, sabiendo que ser padres significa crecer junto con los hijos tratando de ser mejores cada día.
· Evitar ofrecernos a nosotros mismos como ejemplo a seguir ni menos aún pretendernos perfectos ante nuestros hijos, ser ejemplo, sin decirlo y mostrarnos ‑eso sí‑ en lucha constante por vencer nuestros defectos y superar nuestras fallas.
· Reconocer oportuna y discretamente ‑sin aspavientos‑ nuestros errores y defectos, pidiendo perdón y ofreciendo disculpas cuando proceda hacerlo, pero sin buscar pretextos ni “justificaciones”.


Gritar
· Lleva al abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima, se acostumbran a los gritos y cada vez hacen menos caso a ellos.
· Atropellamos a alguien sujeto a nuestra autoridad, cuando vamos tan de prisa por la vida, que no captamos el mensaje oculto más allá de las palabras, cuando un hijo pasa por una etapa difícil de inseguridad o de presión, y sin darnos cuenta le negamos la comprensión, el apoyo y el aliento que necesita para seguir adelante.
· Atropellamos cuando pretendemos “corregir” con palabras humillantes o insultos, cuando usamos una ironía que ridiculiza, cuando agredimos con la razón haciendo sentir al hijo “tonto” o incapaz de pensar por sí mismo, cuando ignoramos sus logros, tal vez modestos, pero suyos, cuando no participamos de sus triunfos, cuando descalificamos sus sentimientos por “infantiles” y cuando a alguno le ponemos etiquetas negativas por un error o conducta inadecuada.
· Un hijo moral y emocionalmente atropellado en repetidas ocasiones por sus padres, seguramente podrá descubrir en algún momento, durante su adolescencia, que él no es “malo, tonto o un flojo”.

La manipulación
· El ateísmo práctico e incluso el odio antirreligioso confeso de muchos jóvenes, tiene su origen psicológico en unos padres manipuladores. “Te va a castigar Dios...” es una de tantas amenazas pronunciadas con la intención de convencer a un niño de que le conviene obedecer, no pelear con su hermano o no decir mentiras. Pero no sólo se manipula con una imagen torpe e irreverente de Dios, sino con cualquier otra actitud de chantaje o extorsión, ya sea moral, emocional o material.. “es que ya no me quieres”
· La manipulación (pretender manejar “con las manos” a otra persona) sólo se da cuando alguien está en situación ventajosa respecto a otro. Sabe más, conoce más, es más fuerte, rico o poderoso. “Tiene la sartén por el mango”.
· La sensación de “tener la sartén por el mango”, es uno de los placeres predilectos de los padres manipuladores, y cuando les quitan el “mango”, su desesperación y angustia los convierte en dictadores y los lleva a cometer otro de los pecados capitales de la autoridad: el atropello.
· La manipulación emocional y afectiva es una de las más comunes: “Ya no te quiero porque no me obedeces”.
· Los padres manipuladores retiran el afecto al hijo cuando éste falla, porque carecen de capacidad de amar, sólo saben “querer”, como los padres posesivos, y son capaces de actitudes muy cariñosas, melosas y afectuosas hacia el hijo-cosa, pero sólo cuando ése es un espejo en el cual están “amando” y acariciando su propia imagen reflejada en el otro.

No cumplir la promesa ni las amenzas
Cada promesa o amenaza no cumplida es un pedazo de autoridad perdida. Deben ser realistas, es decir que sean fáciles de aplicar.

No negociar
Implica rigidez e inflexibilidad supone autoritarismo y abuso de poder y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan relaciones entre padres e hijos.

No escuchar
Se quejan de que sus hijos no los escuchan, y ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer…

Exigir éxitos inmediatos.
Todo necesita ser aprendido, se necesita la práctica. Es un proceso que tarda, lo importante es que se vayan dando pasos firmes




//Autoridad Positiva//
  • No tener esos errores
  • No dejarnos llevar por la buena voluntad
  • Tener objetivos claros, deben ser pocos, y bien formulados, y compartidos por la pareja
  • Enseñar con claridad cosas concretas. No se vale decir “portate bien” o “no hagas esto por favor” Va a pensar que tiene derecho hacerlo y explicarle qué es portarse bien
  • Darle tiempo a que aprenda
  • Valorar sus intentos y sus esfuerzos por mejorar
  • Dar ejemplo: ser coherentes con nuestras acciones
  • La confianza en nuestro hijo
  • Actuar y huir de los discursos largos y tediosos. El niño se aburre y no da efectos positivos en el, al contrario se bloquea y no escucha lo que se le esta diciendo
  • Libertad y Responsabilidad. Un hijo es tan libre en la medida en que pueda responsabilizarse de sus actos
  • Reconocer los errores propios. Si somos justos y lo reconocemos y repara su error le da seguridad y tranquilidad a los niños
  • Amar y sentido común. El amor supone la toma de desiciones que a veces son dolorosas